Nunca dejes de soñar. ¿Sabes lo que implica eso en el cerebro?

El impacto de las visiones sobre nuestro cerebro y nuestra vida.

Si quieres construir un barco, no empieces por buscar madera, cortar tablas o distribuir el trabajo. Evoca primero en los hombres y mujeres el anhelo del mar libre y ancho.

Este es el mejor método para despertar una verdadera pasión en las personas según Antoine de Saint-Exupery[1], escritor francés de fama mundial. 

¿Es la dopamina la sustancia mágica que provoca las visiones?

La liberación de grandes cantidades de la «hormona de la ilusión» —la dopamina— es la principal encargada de que tengamos una actitud positiva. Esta hormona deja que florezcan nuevas células nerviosas que nos provocan ganas de lograr algún objetivo en el futuro, independientemente de si se trata de unas vacaciones inminentes, una pareja nueva u otro tipo de recompensa.

dopamina

Los genios no son producto de la casualidad, al igual que no lo es el talento de tener un pensamiento visionario. Desde hace siglos se discute sobre si el impacto de la capacidad de visión sobre nuestro mundo es el resultado de la naturaleza, la cultura o consecuencia de la inspiración divina. Las aportaciones científicas de diversas disciplinas y, sobre todo, las técnicas de imagen más modernas de la neurociencia demuestran que los pensamientos e ideas geniales no caen del cielo.

Las mejores ocurrencias también estimulan la liberación de determinadas sustancias en nuestro organismo. Cuando conseguimos dar con una idea que tiene un impacto para nuestras vidas, sentimos que tiene sentido, nos sentimos bien. Los investigadores, inventores y descubridores pueden sentirse embriagados con sus fantasías o proyectos. Los investigadores adictos al trabajo se olvidan de todo lo que les rodea, incluso comer y beber quedan relegados a un segundo plano.

¿Cómo debemos pensar para que nuestro cerebro y nuestro cuerpo estén sanos?

Desde que surgió la humanidad el hombre ha soñado con conservar su salud eternamente. La juventud se equipara a la salud; la vejez, a la enfermedad y la decrepitud. Los medios de comunicación están repletos de infinidad de expertos que nos dan consejos para lograr una mente sana en un cuerpo sano. Nunca antes en la historia de la humanidad se había invertido tanto dinero y esfuerzo en tener una buena salud y un buen rendimiento.

El neurólogo Esch explica de forma muy clara cómo el propio pensamiento puede hacer que la morfina liberada de manera endógena reduzca la sensibilidad de nuestros nervios. Al mismo tiempo, nuestras propias ideas pueden contribuir a reforzar el sistema cardiovascular y originar que se fabrique más hormona del amor, la oxitocina.

La crisis como desencadenante del desarrollo y el crecimiento

El deporte de competición nos ha enseñado que cuanto mejor entrenemos un músculo, más se fortalece. En medicina deportiva, esta mejora del rendimiento como consecuencia del entrenamiento se denomina «sobrecompensación». La estructura y el funcionamiento de los músculos que se someten al esfuerzo se adaptan a los mayores requisitos, tal y como estipula la regla de la ciencia del entrenamiento que dice que un estímulo demasiado pequeño no produce ningún crecimiento, un estímulo demasiado grande produce daños y un estímulo de intensidad media debería producir, idealmente, el resultado perseguido, es decir, aumentar el rendimiento.

Si analizamos todos los estudios de investigación de la resiliencia y la felicidad de las últimas décadas los resultados son sorprendentes: Frente a la opinión ampliamente extendida de que el cerebro dispone de una estructura más o menos establecida que le impone limitaciones psíquicas e intelectuales, se ha demostrado que la plasticidad neuronal es sustancialmente superior a lo que se consideraba en el pasado.

Visceral o racional, ¿de dónde surgen las mejores visiones?

La imaginación es más importante que el conocimiento, porque el conocimiento está limitado.

Esta cita de fama mundial de uno de los científicos y visionarios más importantes de todos los tiempos, el premio nobel de física Albert Einstein[1], no podría ser más acertada:

vision

Las innovaciones más importantes son fruto de la intuición.

A principios de los 80, todos aquellos que, al igual que Steve Jobs (el pionero y genio del marketing) creían que en un futuro no muy lejano todo el mundo dispondría de un ordenador personal, eran objeto de mofa, igual que el propio Jobs. En las décadas siguientes, Steve Jobs no sólo revolucionó el mundo de la informática, sino que también logró que su empresa, Apple, se convirtiera en la empresa con más éxito del mundo. Su eslogan publicitario «Think different» pasó a ser el sinónimo del espíritu empresarial visionario.

Este ejemplo y muchos otros de objetivos de futuro inverosímiles demuestran la escasa utilidad que tiene el pensamiento lógico a la hora de pronosticar acontecimientos futuros.

Pensamientos nuevos, cerebro nuevo

«Lo que no se aprende en la infancia, ya no se aprenderá nunca», este es un dicho que se viene utilizando desde hace generaciones en la enseñanza. Las teorías del aprendizaje y la evolución de todas las universidades famosas de pedagogía o psicología del mundo estaban de acuerdo en lo siguiente: Tras la infancia, la juventud y los primeros años de la edad adulta, el cerebro madura de manera funcional y estructural.

Los procesos de crecimiento y cambio sólo eran posibles (si acaso lo eran) de forma marginal. El número y los tipos de conexiones de las células nerviosas había alcanzado su punto álgido y, de hacer algo, sólo cabía que las células nerviosas comenzaran a degenerar conforme nos hacíamos mayores. La inteligencia, la emoción y el comportamiento social estaban determinados por el denominado proceso de evolución.

Desde el siglo XVII, el dualismo entre cuerpo y alma ha hecho que se entendiera que ambos conceptos estaban separados entre sí. La materia produce materia, y lo intelectual y mental produce algo inmaterial.

Los fenómenos como la telepatía o la telequinesia se apartaron al campo del esoterismo por su carácter poco científico. Sólo el budismo se ocupaba desde hace siglos de la transformación del cerebro a través del pensamiento meditativo.

Incluso en la neurociencia se creía hasta hace algunos años que el pensamiento se produce en el cerebro como consecuencia de procesos bioquímicos. Sin embargo, cada vez hay más estudios de la investigación moderna que demuestran que esta relación causal también es reversible: “El pensamiento forma el cerebro”.

¿Cómo puedo mejorar yo también mi potencial creativo?

Los conocimientos son limitados, pero la fantasía no tiene fin. En todos los medios de comunicación nos dan consejos sin descanso para «tunear nuestro cerebro», nos ofrecen recomendaciones sobre la salud, otros temas relacionados con el sueño y la relajación, recetas de cocina, ofertas deportivas para ejercitar el cerebro, pastillas para el cerebro o estimulación eléctrica del cerebro. Las técnicas de meditación son otra forma de poner a punto nuestro cerebro, gracias a las cuales se mejoran fundamentalmente nuestra capacidad de atención y la concentración. Básicamente, o se entrena la capacidad de relajación para dejar volar nuestros recursos creativos (dado que sólo un cerebro relajado puede pensar libremente), o actuamos convencidos de nuestras propias acciones. Pero incluso en este caso se precisa una concentración extraordinaria para poder hacer evolucionar al cerebro.

 

cerebroSi observamos las trayectorias de algunas personas visionarias especialmente creativas como Steve Jobs o Bill Gates en la actualidad, o bien genios del arte como Picasso, Dalí o músicos como Beethoven o Mozart, de todos llama la atención su enorme diligencia y su dedicación. No sólo se necesita talento para que una idea visionaria tenga éxito, también es importante la perseverancia. Para que una persona continúe persiguiendo una idea durante mucho tiempo y no se deje desanimar a pesar de los posibles reveses, necesita emocionarse y entusiasmarse.

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Patricia

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